Tantas tardes de fútbol y tv

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8 horas para cambiar el chip (Caracas tan infame y necesaria)

Caracas, tan infame y tan necesaria en:

8 horas para cambiar el chip

(4:00 pm) Y repentinamente allí estaba, en medio de una gran indecisión que otrora sería un sencillo trámite. Me separaba un vidrio de cristal a través del cual podía ver las caras que albergan mis más profundos afectos, con expresiones que luchaban por demostrar una neutralidad que no se consigue cuando quieres desearle bien a alguien, pero lejos de ti.

El futuro era promisorio, pero a mí la ocasión me resultaba tan perfecta como inoportuna. Mientras tanto, los obstáculos peatonales que desvisten e incomodan se iban dejando atrás y la sensación de nostalgia anticipada era un hecho.

El panorama ayudaba, y era el lugar propicio para la explosión de sentimientos: allí se permitía la espera impaciente, la alegría, el llanto,las lecturas del pasado, la reflexión del futuro, y la interpretación de nuestro transitar. Estaba una vez más en Maiquetía.

Con detenimiento observaba la ilusión de muchos de los que me rodeaban y pareciera que yo no tenía el mismo destino que ellos. No hablaba y no decía nada, pero me lloraba la tierra aún sin dejarla de pisar.

Supuse que esta sería una prueba de sentimientos patrios; a fin de cuentas mi primera navidad fuera, como turista, podría ser el simulacro de una más que probable certeza.

No obstante, como suele suceder en las películas, un cambio de plano en la escena puede trastocar tu percepción en segundos.

Y es que cuando llega el momento de trance en el que empiezas a sentir el cosquilleo, a percibir el olor del avión y a imaginar el clima de tu destino, lo menos que quieres escuchar es que hay un ligero cambio de planes.

-Estimados pasajeros, el vuelo 1332 con destino a Madrid tiene un retraso estimado de 4 horas…

Y listo. Así, no más, el balde de agua fría cayó sobre mihumanidad trasnochada y obligó a una profunda revisión de aquello por lo cual había estado rozando la tristeza y el arrepentimiento.

Informaciones escuetas e improvisadas se usaban como excusas para justificar aquel trastorno de itinerario; y la falsa promesa de un billete de 100 dólares al llegar a nuestro europeo destino, se entregaba enmascarada en un voucher que –en inglés de traductor web- advertía que al aceptarlo,renunciaba a cualquier reclamo posterior.

(21:00) ¿Qué manguangua, no? La escena se completaba con un ticket o “vale” de alimentación que entregaron tardísimo para servirnos del extenso menú de una arepera ya sin provisiones ni alternativas distintas a jamón y queso rancio.

Los niños pequeños comenzaron a llorar, las madres embarazadas no hallaban cómo recostarse en sillas diseñadas para el cansancio, y el resto de ancianos, jóvenes y mortales al fin, buscaban cómo calentarse en un granito frío y duro, con almohadas de morral, koalas y suéteres excedentes.

Finalmente, esta tragicomedia terminó cuando procedieron a embarcarnos  8 horas después de lo previsto en un avión al que una puerta de emergencia decidió abrírsele accidentalmente en Madrid, pocas horas antes.

Como es lógico, y sin contar que después de todo tendría que esperar  6 horas más en Madrid y pagar muchos euros de penalidad por perder una conexión, mi sentimiento amable por la patria que me vio nacer se vio disminuido a escombros.

Ya recostado en el avión, el trato amable de las azafatas y su agradable olor se hizo promesa de un amanecer que llegaría más pronto de lo habitual, trayendo consigo un poco de necesaria frescura y ciudadanía…aunque fuere con otros acentos y con otras caras.

El epílogo de este inconveniente convirtió al inicial susurro de “quiero y no debo” en un “SÁQUENME  DE AQUÍ” con mayúsculas sostenidas.

Dave.


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De la ausente metrópoli al caos omnipresente (ensayo)

Cocaine Boys Miami

Si hay algo que a los individuos nos reconforta en gran medida, es la sensación de pertenencia que te brindan los significantes y significados propios de personas, de una ideología, de un lugar o de un determinado espacio de tiempo.

Las relaciones afectivas generadas por la interacción de esos elementos con uno mismo, construyen nuestra forma de ser y estar en nuestro entorno. A mi juicio, es natural sentirse identificado con todo aquello que nos resulta común a nuestro transitar y que nos resulta agradable. El hecho de estar expuesto ante determinados estímulos constantemente, nos hace partícipes de ellos y nos convierten en un elemento más de su morfología. 

No obstante, el hecho de que se den esas relaciones de carácter emocional hacia ciertas realidades con las que nos topamos, no está estrictamente ligado a que ambas partes tengan que ser harto conocidas. No. En ocasiones los caminantes y aventureros eligen detener el paso porque un lugar los cautivó, aunque sea la primera vez que lo avisten.

Inicialmente su belleza les pudo seducir; sus colores, su clima, su atmósfera, y su estructura urbanística quizás sean los elementos iniciales por los que alguien se decida a enamorarse de determinado lugar. En pocas palabras, sus significantes;  aquello que es descriptible por su apariencia y que puede ser palpable mediante los sentidos.

Pero también existen otros factores que no están tan claros para todos, y que tienen que ver con la percepción. El hecho de levantarse una mañana y observar el alba a través de la ventana, salir a caminar, a conducir o simplemente relacionarse con el entorno, puede tener distintas lecturas e interpretaciones. Las sensaciones, valores, y afectos que producen esas interacciones son los significados; es decir: aquello que nos deja como concepto una determinada representación.

Y, precisamente, son estas sensaciones las que generalmente determinan por sobre todas las cosas que cultivemos el apego hacia ciertas tendencias, lugares, grupos de personas o cosas. Nos hacemos tan “dependientes” de aquello que nos gusta, que construimos nuestro modo de ser en torno a aquellas condiciones que nos resultan significativas en determinado momento, pero somos capaces de deconstruir esos espacios de comodidad cuando ya no resultan cónsonos con nuestras apetencias o nuestros valores.

El llegar a esta conclusión en alguna oportunidad me ha hecho preguntarme realmente quiénes somos y qué tan reales son nuestras aspiraciones, nuestras convicciones o nuestros principios. ¿Será que el carácter maleable de nuestros criterios para evaluar determinados escenarios nos convierte en un eterno argumento falaz?

Nuestras perspectivas están constituidas por discursos impregnados de todo ese bagaje cultural que adquirimos mediante la interacción con nuestro entorno, y ello no implica que esté descubriendo el agua tibia, sino que realmente el famoso refrán de “dime con quién andas y te diré quién eres” tiene asidero justamente si nos detenemos a pensar por qué la gente se comporta como se comporta, y por qué se su interacción con el otro está determinada por su lugar de su procedencia.

Una aproximación a esta particular reflexión la pude disfrutar en la lectura del libro de José Ignacio Cabrujas “El país según Cabrujas”; una obra fundamental que constituye un ejercicio sociológico, psicológico y comunicacional del quehacer venezolano, y nos permite entender con claridad por qué somos como somos.

Básicamente en uno de sus capítulos, titulado Miami Express, el dramaturgo nos relata la experiencia de uno de sus viajes a la ciudad del estado de Florida, en los Estados Unidos, y sin querer nos brinda luces en un tema que realmente tiene gran interés: la identidad.

Mediante una descripción acuciosa en el discurso, se inmiscuye en las más profundas banalidades de su tránsito por una ciudad que, a su juicio, no es ciudad, porque carece del esquema propio de las ciudades concebidas como centros de reunión de sociedades.  En este caso Miami se interpreta como un lugar donde todo es aledaño.

La inmensa extensión del área donde se construyó la ciudad, y lo lejano que puede representar el trayecto de un “barrio” a otro, desdibuja esa imagen de suburbio que caracteriza a las ciudades latinoamericanas.

 Ello, aunado al hecho de que es una ciudad conformada en su mayoría por comunidades hispano- parlantes, puede suponer que sus habitantes deben vivir en una constante reinterpretación de una sociedad en la que no es fácil apropiarse de elementos que alimenten su percepción en forma significativa.

Digerir una ciudad constituida por emigrantes y exiliados en su mayoría,  procedentes de distintos países, y gobernados por una normativa concebida para personalidades que distan enormemente del carácter latino, nos ubican en un panorama complejo si queremos comprender cómo es posible que en lugares como esos sigan creciendo comunidades de cubanos, colombianos, puertorriqueños venezolanos, argentinos, chilenos, españoles, entre otros.

Y sinceramente es una respuesta que tiene dos vertientes. La parte fácil de este asunto es determinar que existen dos clases de emigrantes: los aventureros, generalmente con una generosa economía en búsqueda de nuevas experiencias, y los que huyen de sus países por buscar una oportunidad para dejar de subsistir y comenzar a vivir.

Lo complejo, por ahora, es interpretar cómo aquellos que se van de su patria natal, dejando atrás una serie de afectos y motivos, pueden ampararse al cobijo de un lugar en el que carecen de un gran número representaciones con las que están muy relacionados y que les permiten sentirse ciudadanos de un determinado territorio.

Creo que la respuesta también la brinda Cabrujas, cuando nos muestra la evolución del lenguaje de una amiga hondureña, que se expresa con un fluido spanglish para criticar a sus vecinos de Guatemala, adoptando formas expresivas que en absoluto están impregnadas de discursos autóctonos de su tierra natal, y argumentando acusaciones que son propias de la concepción norteamericana estadounidense hacia los centroamericanos.

Y es que es justamente la aceptación y uso de normativas, modismos y formas de expresión que rompen con los valores culturales forjados por cada nación en sus ciudadanos, nos revelan la versatilidad casi camaleónica que puede sufrir el carácter de algunos emigrantes con los que a veces nos toca la dicha de tratar.

En el Miami Express se nos revela un entorno lleno de ciudadanos transitorios que no pertenecen naturalmente a ese pedazo de tierra, pero que con el paso del tiempo asumen la posibilidad de alienarse a una práctica de vida que les resulta necesaria.

Hay muchos que optan por esa vía, y se convierten en pobladores que viven en un constante afán de pertenecer. Para ello renuncian a sus credos y asumen como propios los ideales y vocablos de sus sociedades destino; por eso es que en ocasiones vemos a venezolanos de pura cepa a los que se les olvida el español con sólo dos meses en Miami, o a venezolanos pronunciando la “ce” y la “zeta” cuando apenas cruzan el Atlántico y llegan a tierras ibéricas,  entre otros.

Cabrujas en su concepción de Miami nos presenta a un lugar carente de tradiciones e infinitamente contradictorio, porque es el hábitat de quienes optan por el sueño americano y viven búsqueda constante de integración o por el contrario de quienes se reúnen en guettos y escenifican los pocos espacios que hay para la espontaneidad.

De Miami nos comenta que representaba el Bagdad para los venezolanos, de aquellos capaces de soltar un spanglish llegando a Caracas  tras una corta estancia en sus planicies, que aprovechaban la aparente fortaleza del bolívar y contribuían a hacerse un poco más cosmopolitas comprando las bondades que no se ofrecían en el Caribe, usando la popular frase “ta´ barato, dame dos”

El relato del escritor culmina con una particular experiencia en su llegada a Maiquetía, donde la asepsia y la normativa luterana del comportamiento norteamericano se ve reducida a la vulgar aplicación de la justicia aduanera mediante un semáforo que indica con luces cuándo debes hacer revisar tu equipaje y cuándo no.

La parodia de nuestra capacidad para gobernar y comportarnos, nos responde a la pregunta inicial de qué tan reales son nuestras convicciones. Si consideramos que utilizamos la ruleta del envite y el azar para aplicar la justicia, efectivamente somos un argumento falaz que se deconstruye a conveniencia y moldea sus principios éticos según el caso.

Lo que jamás moldeará el venezolano, en este caso, es la práctica maquiavélica de justificar los medios para cada fin. Esa es la identidad que lamentablemente hoy sigue latente. A razón de ello vemos como muchos de nuestros embajadores de temporada alta llegan a Miami y se pasan el “suiche” para no cometer infracciones de tránsito, hacer escándalos o fiestas hasta altas horas de la noche, o simplemente ejercer ciudadanía.

No obstante, ese interruptor imaginario cambia de posición automáticamente cuando se aproxima Maiquetía; allí la viveza criolla se activa y cualquier intento de eludir la ley se celebra como un triunfo más de nuestra inteligencia.

Quizás a nuestro criollismo le falte un poco más de cultura de guetto y menos apego al “dime con quién andas y te diré quién eres” que tanto caracteriza a este gentilicio.

Noviembre de 2010

Dave

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Enamorar (se) y perder son dos verbos infinitivos que ocurriendo en simultáneo explican lo común que es no trascender
Dave

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El 4 eterno, el “noi” de Santpedor: Guardiola

Un reportaje brutal del hasta entonces trayecto de Pep como jugador y entrenador. 

(Source: youtube.com)

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Fútbol manantial

El fútbol es como una galería itinerante de sentimientos que resumen nuestra propia existencia. Es imprescindible porque lo tiene todo: alegría y tristeza, frustración y recompensa, amor y odio, competitivad e instinto, golpes y abrazos, delicadeza y tosquedad, orden y caos, paz y guerra.
“Cómo no te voy a querer?”

Dave

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Ulises Hadjis - Dónde Va  

Letra: Ulises Hadjis y Leo Felipe Campos

Esta es mi canción favorita hoy 22 de abril de 2012.

Jamás me conmovió tanto una canción nuestra…

I

Dónde va y a dónde quiere ir? Dónde está y dónde puede perder? Si va y no regresa más, si se esconde en lo que no puede ser ni ver

CORO

Cuántas cosas por ver, cuántas cosas por encontrar….desarmar

Correr, tropezarse y caer, recordarse y preguntar

Es-ca-par

II

La tensión y la celebración 

condenar todo lo que no quiso hacer

Si te vas y no los piensas más, 

si te pierdes en lo que no puede ser… ni ver

CORO

Cuántas cosas por ver, cuántas cosas por olvidar…enterrar

Aquí todos hablan de ti, todos temen lo que no está

Ex- Tra Ñar - te… pensar

(Source: youtube.com)

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A diferencia de los deportes, nunca es tarde para hacer música. Lo que a veces expira es el tiempo para ‘lograrlo’ con ella.
Dave, yo mismo puesjm

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fuchiball asked: Dale pues

MAN UP! jajaja. Sabía que era tú porque SIEMPRE haces esa pregunta. Mariquito. Si te burlas de la gordura te pasa lo que le pasó a Sinead

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Anonymous asked: ¿Por qué eres tan marico?

Coño, es arrecho…si dejas el anónimato te explico